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Aena, crónica de una muerte anunciada

 

Por fin ha llegado el día. Parece que después de meses de anuncios y cancelaciones está es la buena. Los planetas se han alineado y ahora sí es el momento de hincarle el diente a la joya de la corona. Esta semana Aena enfila sus últimas horas como ente público para comenzar su cotización en la bolsa como empresa privada. Está todo preparado, nada puede fallar, todos los periódicos me muestran que el chollo está ahí, los grandes gestores extranjeros está vez han decidido no ganar dinero en solitario y se empeñan en hacerme el favor de aconsejarme continuamente la gran oportunidad que se presenta, hasta en los corrillos de la máquina de café me avisan ¡¿has visto lo de Aena?! Está claro, nada pueda salir mal….

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Por si aún no lo he dejado claro, sí, estoy siendo sarcástico. Si vienes buscando un texto plagado de cifras en verde que te ayude a auto convencerte de que debes romper el cerdito para entrar en bolsa te has equivocado de sitio. Tampoco busques aquí un manifiesto sindical sobre la situación de las subcontratas de Aena porque simplemente no la conozco lo suficiente. Hoy vengo a hablarte de lo que llevo años viendo en Aena y lo mucho que me recuerda a otros lugares y situaciones similares. Si estás pensando en gastarte el dinero de tus vacaciones en acciones de aena quizás te venga bien.

 

Como tantos otros llevo años recorriendo la red aeroportuaria española como pasajero pero también he tenido ocasión de conocer una parte de Aena desde dentro. La conocí en pleno apogeo español, cuando se construían aeropuertos a ritmo de tiendas de “compro oro”. En aquella época los edificios de Aena estaban repletos de trabajadores de Aena, sí, sí, de esos que había antes en las empresas, de los que trabajaban directamente para el que les pagaba la nómina. Entrabas en sus oficinas y se percibía un ambiente tranquilo y relajado entre sus trabajadores, quizás demasiado relajado en algunos casos, pero todo funcionaba y funcionaba muy bien. Aquello que debería ser la aspiración de todo trabajador o empresario, una empresa que daba beneficios con una plantilla contenta, no tenía cabida dentro de la cultura española. Daba igual que le preguntases a un trabajador que a un empresario, desde fuera el veredicto siempre era el mismo: “esto es un Ministerio, aquí sobran la mitad”. Es curioso que esta fuese la conclusión más habitual en una empresa que estaba plantando aeropuertos en España como el que pone dársenas de autobús….

 

Para los que acaban de empezar a descubrir las cifras de Aena por los anuncios de OPV os lo trataré de resumir: Aena es una máquina de generar dinero y deuda a partes iguales. Las cifras que manejan marean, el problema es que marean tanto en ingresos como en deuda. La mayoría de los ingresos provienen de cuatro o cinco aeropuerto que se encargan de sustentar las cifras del resto de la red. Por este motivo la privatización parcial de la red nunca fue viable. Los inversores querían los grandes, los que dan dinero (como es lógico) y el estado se quedaría con los pequeños, es decir, con el pufo. No parecía un buen negocio…

 

Pasó algún tiempo hasta que volvieron a removerse las aguas. España necesitaba dinero y Aena seguía siendo una tarta sin repartir. Todavía no se sabía que iba a ocurrir pero había que empezar a prepararse. Una empresa pública con necesidad de segregarse contrarreloj antes de que finalice una legislatura era interpretado como un cartel gigante de “toma mi dinero” para muchas empresas. Como en tantas otras empresas privatizadas los empleados de plantilla con cierta edad empezaron a ser sustituidos por becarios, personal de ett etc… Las hordas de externos con cargos indescifrables comenzaban a apoderarse de la sede de Aena y empezaban a ofrecer sus “proyectos” para segregar la empresa. Con la misma facilidad con la que se abrían aeropuertos empezaban a firmarse contratos para reorganizar la empresa. Lo que sea con tal de llegar a tiempo a la salida a bolsa. Pero el problema seguía ahí, la mayoría de las celdas del excel de saldos estaban en rojo, solo algunas eran rentables por lo que difícilmente se podría colocar entre los grandes inversores. No había otra, había que mejorar el color del excel de manera rápida así que llegaron las subidas de tasas, los recortes, las externalizaciones y todo aquello que fuese necesario para poder darle un buen maquillaje a las cuentas. Si viajas habitualmente recordaras el resultado:

 

Ryanair cancela 15 rutas y reduce 46 por la subida de las tasas

 

EasyJet cierra su base desde invierno por las tasas de Aena

 

La cosa pintaba en bastos y el momento tampoco acompañaba. De cara al público la privatización volvía a quedar en la incertidumbre temporalmente aunque internamente todo seguía hacía delante. La segregación de Aena cada vez iba tomando más forma y la división entre la gestión aeroportuaria (parte a privatizar) y la empresa de control aéreo (parte pública) empezaba a tomar color hasta que a día de hoy, tras varios anuncios de “salida inminente a bolsa” parece el culebrón llega a su fin.

 

¿Entonces qué? ¿Aena ya es un chollo como me cuentan en la tele o es la segunda oportunidad para los que no llegaron a tiempo de comprar acciones de Bankia? Pues en mi opinión todo apunta más a lo segundo. Aena siempre ha sido una máquina de generar dinero lastrada por las intromisiones políticas. No solo los saqueos y casos de corrupción que hayas podido ver en la televisión han sido los culpables de su inmensa deuda, el mayor cáncer de la compañía siempre ha sido su uso político y partidista. ¿Qué vamos mal en las encuestas? ponemos un aeropuerto nuevo ¿Qué nadie quiere poner aviones en el aeropuerto porque ya hay uno a 100 km? pues se amplía el crédito y se empieza con el reparto de subvenciones a las aerolíneas. Un suma y sigue que ningún político ha estado dispuesto a cortar por las más que probables consecuencias que tendría en las urnas de algunas comunidades o provincias. Y paradojas de la vida este es el principal argumento en contra de los que se supone aspiran a “quedarse con una parte de la tarta”. El estado quiere mantener el control sobre las decisiones que se tomen repartiendo una mayoría de acciones entre lo que llaman “inversores estables” como Ferrovial, los March (lo que podríamos llamar “los conocidos”) etc…. y repartir el resto entre los inversores institucionales (los que van a ganar dinero) y el público (los que tienen todas las papeletas de acabar pagando la fiesta). De esta manera todo el mundo puede seguir con su aeropuerto al lado de casa y las explicaciones por los recortes que vengan las tendrán que dar “los mercados”, “los accionistas” o cualquier otro ente en lugar del estado.

 

¿Pero y si sube? Esta frase dicha por alguien que no conoce cómo funciona la bolsa suele ser el equivalente a “te vas a pegar una osti….”. ¿Entonces va a bajar? Pues no lo sé, si lo supiese este blog no sería de viajes y me dedicaría a dar cursos de “gurú vendehumo” en mis ratos libres. Pero lo que sí sé es que:

 

  • A escasos días de la salida a bolsa, “los inversores estables” ya no lo consideran un negocio tan estupendo y se largan (Los March tiran la toalla con Aena) ¿Qué quiere decir esto? Que los inversores estables estaban dispuestos a comprar a precio de saldo una compañía sobre la que no podrían hacer prácticamente nada pero que les asegura un margen de beneficios estable y que ahora ya no lo es tanto si tienen que comprar cinco veces más caro y no pueden cerrar aeropuertos para quitarse deuda.
  • En cuestión de meses la acción de Aena se ha quintuplicado en valor de salida sin mayor motivo que la situación contractual ajena. ¿Qué quiere decir esto? Que los inversores institucionales han hecho bien su trabajo, una buena campaña de marketing para asegurarse que lo que ellos han comprado a 1 el día de la salida a bolsa sea comprado por 5 por cada uno de los aspirantes a accionistas minoritarios.
  • Suba o baje la acción, tarde o temprano y como en tantas otras OPV la mayor parte de los inversores minoritarios (el público) que haya metido sus ahorros allí acabara pillado por no saber cómo gestionarlo.
  • Al contrario que La Aena pública, la Aena privada está obligada a crecer para mantener contentos a sus accionistas y solo tiene dos formas de hacerlo: reducir la deuda cerrando aeropuertos o aumentar los ingresos aumentando el tráfico aéreo en los aeropuertos.

 

Conclusión, es muy probable que los tiempos en los que tener un servicio aeroportuario que facilitaba viajar desde cualquier parte de España vayan llegando a su fin y los que vivan lejos de las grandes ciudades tengan que volver a desplazarse en coche hasta un aeropuerto de volumen. Si estabas pensando en hacerte “gestor aeroportuario” tal vez deberías aprovechar ese dinero para viajar antes de que te sea más difícil. Tal vez no sea la opción más rentable pero de seguro será la que más disfrutes.

 

D.E.P Aena

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3 comentarios en “Aena, crónica de una muerte anunciada

  1. “…aumentar los ingresos aumentando el tráfico aéreo en los aeropuertos.” Más que aumentar el tráfico, ya que eso no depende de Aena sino de las compañías aéreas, lo que tendrán que hacer es subir las tasas aeroportuarias, tasas que el Gobierno ha congelado hasta el año 2025. Así pues, hasta entonces a la empresa sólo le queda dos opciones para aumentar sus beneficios: cerrar aeropuertos y echar al personal.
    Gran análisis de la situación de la última joya del Estado y de todos los españoles.
    D.E.P Aena.

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