Trabajar cortando marihuana en California, lo que nadie te contará

Había escuchado que es fácil conseguir trabajo cortando marihuana en California. Se nos iluminaban los oídos con cada rumor. Un español había conseguido 15.000 euros en dos meses y medio. Una china dobló esa cifra y lo hizo en menos tiempo. De hecho, esta temporada ella era la estrella, el ejemplo que todos queríamos seguir. Así que llegamos a California con un objetivo bien claro: trabajar en la marihuana y conseguir mínimo 5.000 dólares. Tampoco éramos muy exigentes 😉

 

¿Dónde y cuándo buscar trabajo en la marihuana?

Para unos nómadas digitales como nosotros todo empieza en las redes, así que buscamos y nos leímos todas las experiencias que pudimos encontrar en otros blogs. Teníamos la zona más o menos controlada. La mayoría de las granjas se encuentra en el llamado triángulo Esmeralda, zona al norte de California formada por los condados de Mendocino, Humboldt y Trinidad.

 

triangulo esmeralda california

 

También descubrimos que la temporada de trabajo abarca desde mediados de julio hasta principios de diciembre, pero que octubre y noviembre son los mejores meses para encontrar trabajo.

Con estos mínimos conocimientos empezamos nuestra aventura en Arcata, una de las ciudades donde más se nota el ambiente de búsqueda de trabajo.

 

arcata

 

Allí teníamos un amigo que estaba haciendo la temporada por segundo año consecutivo, él era ‘trimmer’, cortador de cogollos, y le pagaban 120 dólares por cada libra (un poco más de 450 gramos) de marihuana que cortara. Él nos contaba que el trabajo era un poco aburrido, pero sencillo. Que él había venido a hacer dinero pero también a vivir, así que con una libra al día se conformaba, aunque no es difícil hacer más —explicaba—, todo depende del tiempo que le dediques y lo habilidoso que seas con las manos.

Lo veíamos claro. Con una libra al día también nos íbamos a conformar. Además, esta sería nuestra primera experiencia, no queríamos hacernos demasiadas ilusiones. Echamos cálculos, si el mes tiene 30 días, ponle que trabajamos 6 días a la semana y que hacemos una libra al día. Esto significa cobrar 120 dólares al día, $720 a la semana, $2880 al mes.

Con solo seis semanas podríamos llegar a nuestro objetivo de $5000.

 

¿En qué consiste el trabajo?

La primera pregunta que nos hicimos fue: ¿qué tendremos que hacer? Yo me imaginaba trabajando en el campo, asfixiada bajo el sol del mediodía, colaborando con otros compañeros y pasándolo bien.

Primera decepción. La imagen visual que me había formado de cómo era trabajar en la marihuana no tenía nada que ver con la realidad. Es cierto que a veces te contratan para cosechar o plantar. Pero eso ocurre en muy pocas ocasiones, ya que ese es el trabajo que prefieren hacer los dueños de las granjas. Lo que rechazan, sin embargo, es la parte más tediosa: cortar las hojas sobrantes de los cogollos. Esto quiere decir que nos íbamos a pasar los días sentados en una mesa, tijeras en mano, pelando marihuana.

 

trimmer california

 

Lo primero que te dicen es que te compres unas buenas tijeras. De hecho, que te compres tres tijeras del mismo modelo. Y es que la marihuana tiene una resina que se va enganchando a las tijeras y al final es imposible seguir utilizándolas. Hay que sumergirlas en alcohol durante unos minutos. Por eso todo el mundo te recomienda comprar al menos tres tijeras. Así, cuando una ya se pega tanto que es difícil seguir trabajando, las pones a remojo y coges otra. De este modo nunca te ves obligado a dejar de trabajar.

Lo bueno de ser ‘trimmer’ es que puedes empezar a trabajar cuando te parezca, parar cuando quieras y hacerlo a las horas que mejor te vaya. Si eres nocturno, podrás pasarte toda la noche pelando cogollos y a nadie le parecerá raro. Hay quienes paran solo para comer, ir al baño y dormir lo justo, el resto se lo pasan cortando.

Los cogollos que vayas cortando los depositas en un cubo y, al final de la jornada, te lo pesan y te pagan. O te lo apuntan y te lo pagan al final, eso depende de la granja.

 

¿Cómo buscar trabajo en la marihuana?

Como todo parece tan fácil, lo normal es hacerse ilusiones. Queríamos trabajar. Así que le dijimos a nuestro amigo que nos enchufara entre sus contactos. Lamentablemente, ninguno de ellos necesitaba más trabajadores, estaban todos cubiertos.

Así que estábamos solos. Según las habladurías, podíamos empezar yendo a los bares y preguntando a los que tuvieran pintas de granjero. Nos pareció de lo más extraño. ¿Os imagináis entrando a un bar a preguntar a la gente si necesita a alguien para trabajar? Sin olvidarnos de que no teníamos permiso de trabajo (la mayoría no lo tiene) y que tampoco queríamos gastarnos dinero en consumiciones. Rechazamos esta opción. No estábamos preparados.

Estuvimos un día en Arcata pensando y analizando la situación. En Arcata parecía que el trabajo escaseaba y había demasiadas personas buscando. Así que decidimos jugar lo que pensábamos era nuestra mejor baza y desplazarnos a los pueblos de las montañas. Nos fuimos a Willow Creek, a unos 65 kilómetros de distancia.

 

trabajar marihuana

 

En el supermercado, a la caza del granjero

No teníamos ni idea de por dónde empezar. Había que encontrar a los granjeros y preguntarles directamente. Pero, ¿cómo encontrarlos? La respuesta no nos parecía muy buena pero íbamos a tener que basarnos en los prejuicios. ¡Y yo que me he pasado toda la vida tratando de no juzgar a las personas!

Llegamos a Willow Creek y aparcamos en el supermercado del pueblo. Aunque más que un supermercado, aquello parecía una sala de exposición donde los ansiosos por trabajar esperaban a que algún ‘farmer’ se acercara. Había una pareja francesa-alemana, un grupo de unos 7-8 chicos y chicas argentinos y muchos más con los que no llegamos a hablar. Los primeros acababan de llegar y estaban en la misma situación que nosotros. No encontraron nada. Los argentinos llevaban allí más de un mes, habían trabajado pero ahora estaban de vacaciones forzadas porque se había acabado el trabajo en su granja.

 

rebajas-amazon-descuentos

 

Ellos nos contaron que había que estar allí todo el día, que el supermercado y la gasolinera eran los puntos calientes para buscar trabajo, que los granjeros ya sabían dónde encontrar la mano de obra así que vendrían a buscarnos cuando lo necesitaran. Aún así, nos recomendaron que habláramos con los ‘farmers’ para ir haciendo contactos.

Luego entendimos por qué… Y es que muchos granjeros no esperan a tener la marihuana seca para empezar a contratar, sino que unos días antes van tanteando el terreno para crear su equipo de trabajo. Se pasan por el supermercado y preguntan a aquellos que ellos creen que están buscando trabajo (todo son prejuicios). Unos te dan su número de teléfono y te dicen que les llames tal día; otros prefieren apuntarse tu número y te prometen llamarte cuando te necesiten.

Así nos dimos cuenta de que ¡necesitábamos un número de teléfono de Estados Unidos! Entramos en pánico porque nosotros solo teníamos nuestro teléfono español. Y, mágicamente, tras el primer día de búsqueda, que calificamos de adaptación (por no decir que había sido un desastre), apareció una pareja de argentinos. Ellos también estaban perdidísimos, pero tenían teléfono. Decidimos que íbamos a ser un pack y juntos buscaríamos trabajo.

¿Cómo es la pinta de un marihuanero?

Pronto nos dimos cuenta de que teníamos que aparcar la vergüenza y preguntar a todos los que parecieran granjeros. Para ello hicimos un perfil, que resultó funcionar bastante bien.

  • Tendría un coche grande: una pickup 4×4 con ruedas y bajos sucios. Cuanto más llena de barro y suciedad, mejor.
  • Vestiría ropa vieja, sucia y ancha.
  • Lo más probable es que fuera hombre.
  • De una edad comprendida entre los 25 y los 45 años.
  • Y si todo esto se cumplía y, además, tenía rastas e iba fumando, él sería nuestra mejor apuesta.

Al principio estábamos un poco paralizados. No nos atrevíamos a preguntar directamente. Nos parecía un poco intrusivo. Pero enseguida perdimos el miedo. Era evidente que todos sabían por qué estábamos allí. Eso mismo pasaba cada año, así que no les venía de sorpresa. Nadie se escandalizaba.

Estuvimos dos días en Willow Creek. Hicimos algunos contactos y esperamos muuuuuchísimo tiempo en el parking del supermercado, haciendo nada, charlando y pasando el rato con nuestros amigos argentinos. Allí aprendimos, fue como nuestra escuela. Y conocimos cómo funciona el mercado.

 

2018, el año de la legalización

Estoy segura de que llegamos en el año equivocado. 2018 se conocerá por el año en que se legalizó la marihuana en California. Antes era legal pero solo con fines terapeúticos. Ahora todo el mundo podría ir a una tienda y comprar sin necesidad de tener una dolencia física o psíquica.

Esto quiere decir que muchas granjas ya han dejado de ser clandestinas y solo contratan a trabajadores con permiso.

 

campo marihuana

 

Aunque todavía hay algunas que trabajan en la sombra. Las más pequeñas. Porque a ellos no les sale rentable hacerse legales. Tienen poca producción y el simple hecho de pagar impuestos haría que no tuvieran tanto beneficio, lo que reduciría su rentabilidad drásticamente. Ellos han decidido saltarse las normas y no hacer caso a la legalización.

Las más grandes, por su parte, no han tenido más remedio que legalizarse. Sus plantaciones están al aire libre y algunas incluso se ven desde la carretera. Ellos son los que más gente necesitan para trabajar pero, desde ahora, solo contratan a personas con permiso de trabajo. Las puertas de los grandes estaban cerradas para nosotros.

Aún así, en el pueblo te animan a no tirar la toalla. Algunos hablan de que en Oregon hay posibilidades y muchos se van hacia allá. Otros se quedan en Willow Creek porque no tienen alternativa, no tienen coche y tampoco quieren pagar para dormir. También hay rumores de que Weaverville es un buen lugar para encontrar trabajo en la marihuana. Son solo 90 kilómetros. Así que nosotros, junto con los argentinos, decidimos movernos, seguir en busca de la suerte.

 

Weaverville, jugando al billar con los narcos

Salimos de Willow Creek, un pueblo pequeño donde teníamos más o menos controlados los puntos calientes para encontrar granjeros, para llegar a Weaverville, una ciudad con multitud de supermercados, gasolineras y bares. El terreno de búsqueda se ampliaba.

La primera mañana la pasamos en el parking de una gasolinera, hasta que nos echaron. Y entonces nos mudamos al parking de un supermercado, el Holiday Market, donde supuestamente íbamos a encontrar algo seguro. Hacíamos lo mismo. Encendíamos nuestro rádar en busca de granjeros marihuaneros y allá que íbamos a preguntarles. No conseguimos nada, por supuesto. Solo un hombre se nos acercó, él decía tener una granja, prometía que en un par de días iba a tener muchas plantas listas para cortar. El único problema era que necesitaba unos $5 para pagar una factura y si no, no podía seguir con el trabajo. Como todavía no había vendido su marihuana no tenía dinero y nos lo pidió prestado. Jamás sabremos si sus promesas eran ciertas porque, evidentemente, no le dimos ni un solo céntimo. Y nunca nos llamó.

Allí descubrimos que los martes y jueves, en el bar que está justo enfrente del súper, el billar está a mitad de precio. Y que esos días se suelen reunir los granjeros para echar unas partidas.

Y aquí viene la historia más alucinante que nos han contado durante la semana y media que estuvimos en el triángulo Esmeralda. Es una historia que no me pertenece, me la han contado, pero creo que puede ilustrar muy bien el tipo de ambiente que existe en estos pueblos.

Conocimos a otra pareja de argentinos (trabajo no, pero amigos hicimos un montón). Ellos ya llevaban un tiempo en Weaverville, también habían estado en Willow Creek y decían que allá el terreno era más turbio. Dimos fé. Ellos eran asiduos a los días de billar. De hecho, fue así como encontraron trabajo, porque a un mexicano le cayeron en gracia y les enchufó. Todo fue genial. El mexicano fue muy amable con ellos y el trabajo que les encontró era muy bueno. Así que volvieron al bar a darle las gracias. Pero ya no le encontraron. En el lugar donde solía sentarse habían puesto unas velitas y una foto suya, también tenía una cerveza como regalo de despedida.

Los argentinos no entendían nada y preguntaron a otras personas con las que ya habían coincidido. Resulta que el mexicano pertenecía (o había pertenecido) al Cártel de Sinaloa y su mujer lo había matado con su propia pistola por un lío amoroso. ¡Aluciné con la historia! Realmente estábamos metidos en terreno complicado y no teníamos ni idea de ello.

 

Grass Valley y el israelí que no duerme

Después de la historia del narco y de pasar dos días muy aburridos en Weaverville, nos fuimos hacia lo que según todos era el lugar perfecto para encontrar trabajo: Grass Valley.

La verdad es que allí fue donde más contactos hicimos. De nuevo, nos hicimos dueños y señores del supermercado hasta que nos echaron. Esta vez elegimos el Grocery Outlet. Nos colocamos frente a la entrada e íbamos identificando a los granjeros. El flujo de personas era enorme, casi no dábamos abasto y eso que éramos cuatro personas preguntando, aunque siempre íbamos de dos en dos.

Conseguimos el número de teléfono de un israelí que tenía plantas. Nos dijo que en un par de días tendría trabajo para nosotros. ¡Todo un éxito! Aunque no queríamos hacernos demasiadas ilusiones porque ya habíamos vivido esta misma situación y luego no nos llamaban. Esta vez nos salió bien. Él sí que nos llamó. Pero como nada en este mundo sigue las reglas a las que estamos acostumbrados, el israelí nos llamó a las 12 de la noche pidiéndonos que fuéramos a trabajar en ese mismo instante o, a más tardar, temprano por la mañana, a eso de las 5 am.

Realmente nos sentimos como esclavos. “O vienes ahora o ya no te necesito”. Además, ya habíamos tirado la toalla y estábamos disfrutando de la tranquilidad del lago Tahoe. No íbamos a ir y menos con esa actitud. Aunque antes de esa llamada todavía seguíamos con la búsqueda…

 

La última parada: North San Juan, donde todo vale

North San Juan fue la gota que colmó el vaso. Se trata de un pequeño pueblecito donde no hay más que unas pocas casas y dos bares, uno junto al otro al lado de la carretera. Nunca nos habíamos sentidos tan fuera de lugar como allí. Había un grupo de españoles sentados en la terraza de un bar y un grupo de locales en la puerta del otro bar. Notamos una segregación importante, por un lado los inmigrantes que vienen a buscar trabajo; por otro, los locales que tienen las plantaciones.

 

 north san juan

 

North San Juan era nuestro último cartucho, así que al menos debíamos darle una oportunidad. Preguntamos a una mexicana que parecía muy contenta. Nos contó que había llegado el día anterior y ya había encontrado trabajo. Venían a buscarla para llevarla a algún lugar de Oregon. Por delante tenía unos 450 kilómetros para llegar, como mínimo, a la frontera California/Oregon. Ella sabía que era arriesgado, que quizás una vez allí no existiera tal trabajo y tuviera que volver, pero creía en la suerte. Además, había venido sin nada y mejor dar un paso hacia algo que podría ser verdad, que quedarse sentada, esperando, sin cobrar y gastando dinero. La entiendo. Probablemente, si yo hubiera estado en su situación también habría ido.

North San Juan nos pareció una verdadera granja, donde los animales son los trabajadores que se amontonan esperando que algún buen granjero se acerque a ellos con una oferta de trabajo. Sea la que sea. Porque, evidentemente, lejos quedaron los tiempos donde podías aspirar a cobrar incluso $300 por libra de marihuana cortada.

Ahora los precios estaban entre $80 y $120 la libra. Y hay que amortizar los gastos del viaje, porque llegar hasta aquí no es nada barato. Primero, el vuelo hasta San Francisco o Sacramento. Después, los gastos de alojamiento, que en San Francisco rondan los $80 al día en el hostal más barato. Luego, el transporte para llegar hasta algún pueblo donde ya se puede empezar a buscar trabajo. Por eso muchos deciden alquilar un coche por unos $50 y utilizarlo también para dormir. O hacer autostop para llegar, ya que es una buena forma de empezar a conocer gente y hacer contactos.

Algunos nos contaron que ya habían gastado alrededor de $3000 y todavía no habían encontrado nada. Estaban desesperados.

Así, en North San Juan, donde se suponía que tan fácil iba a ser encontrar trabajo, llegamos al final de nuestra aventura. Teníamos más de 30 contactos. Todos nos prometían lo mismo, que en unos días habría trabajo, que había que esperar. Sin embargo, nosotros no habíamos organizado el viaje para trabajar. Nosotros habíamos caído ahí sin quererlo, veníamos de viajar un año por Canadá e íbamos hacia el sur. Paramos en Arcata a visitar a un amigo y él nos convenció de que buscáramos trabajo. Así fue como recorrimos todo el triángulo Esmeralda en busca de lo que denominamos el sueño californiano, un trabajo en la marihuana.

No lo vimos como un fracaso, sino como una experiencia, un aprendizaje. Aprendimos que no todo lo que se lee en internet es la verdad, que esos que escriben libros y cuentan cómo ganaron $15.000 en dos meses quizás también lo pasaron mal y se gastaron otros tantos en el camino. O no, quizás ellos llegaron en un momento más oportuno y cumplieron con su sueño californiano. Y, quién sabe, quizás tú tengas más suerte que nosotros y seas el mejor ‘trimmer’ de la historia. Nosotros seguimos con nuestro viaje a través del continente americano desde el Ártico hasta el Antártico. Esta y más historias en mi blog Travelsandlives, ¿me acompañas? 🙂

Aquí te dejo un mapa de los pueblos por los que pasamos buscando trabajo en la marihuana.

 

 

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