Un itinerario de 8 días entre Pekín y Shanghái es la forma más completa de descubrir China por primera vez. Pekín te atrapa con sus 3.000 años de historia imperial y sus callejones milenarios; Shanghái, en cambio, es el escaparate de la China del siglo XXI, con uno de los horizontes urbanos más espectaculares del planeta. Y uniendo ambas ciudades, el tren de alta velocidad más rápido del mundo.
Indice
- Lo que debes preparar antes de salir
- Días 1 y 2 en Pekín – El corazón del Imperio
- Días 3 y 4 en Pekín – La Gran Muralla y los tesoros que no se pueden perder
- Día 5 – El tren de alta velocidad de Pekín a Shanghái
- Días 6 y 7 en Shanghái – La ciudad del futuro
- Día 8 – La última mañana: cómo aprovecharla
- Presupuesto estimado y consejos prácticos
Lo que debes preparar antes de salir
Los ciudadanos españoles no necesitan visado para estancias de hasta 30 días (medida vigente hasta el 31 de diciembre de 2026), lo que simplifica mucho el papeleo. Pero hay otras gestiones que no puedes dejar para última hora si quieres que el viaje funcione sin sorpresas.
Una VPN es imprescindible. En China están bloqueados Google, WhatsApp, Instagram y YouTube. Descarga y activa tu VPN antes de embarcar; una vez en el país es considerablemente más difícil configurarla. ExpressVPN y NordVPN funcionan bien en destino.
Las apps que no puedes olvidar: Didi (el Uber chino, con interfaz en inglés), Alipay o WeChat Pay (para pagar con QR prácticamente en cualquier sitio), Amap (mapas que sí funcionan en China, a diferencia de Google Maps) y Trip.com o la app oficial 12306 para los trenes.
En cuanto al dinero, el yuan chino (CNY) sigue siendo necesario en mercados, taxis convencionales y restaurantes de barrio. Los pagos con tarjeta internacional funcionan en hoteles y centros comerciales, pero conviene llevar entre 500 y 1.000 CNY en efectivo para imprevistos. Los cajeros del Bank of China y el ICBC admiten tarjetas europeas sin problemas.
Días 1 y 2 en Pekín – El corazón del Imperio
Pekín lleva más de 850 años siendo la capital de China y eso se nota en cada esquina del centro histórico. Los dos primeros días están dedicados a los grandes monumentos imperiales y a perderse por los barrios que han sobrevivido intactos al paso del tiempo.
La Ciudad Prohibida
La Ciudad Prohibida (Gùgōng) es el complejo palaciego de madera más grande del mundo, con 980 edificios que albergaron a 24 emperadores durante casi 600 años. Está cerrada los lunes, así que tenlo en cuenta al planificar. Las entradas se agotan y hay que reservarlas online con semanas de antelación, ya que la capacidad está limitada a 30.000 visitantes diarios. Calcula al menos tres horas para recorrerla con calma; entra por la Puerta Sur (Wumen) y sal por la Puerta Norte (Shenwumen) hacia el parque Jingshan, desde cuya colina hay unas vistas aéreas del palacio que no tienen precio.
Junto a la Ciudad Prohibida, la Plaza de Tiananmen merece un paseo obligado: es una de las plazas más grandes del mundo y el escenario de algunos de los momentos más importantes de la historia china del siglo XX. El acceso es gratuito pero requiere pasar controles de seguridad.
Los hutongs de Nanluoguxiang
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A apenas diez minutos en metro de la Ciudad Prohibida, el barrio de Nanluoguxiang es uno de los mejores lugares para entender cómo era la vida en Pekín antes de los rascacielos. Sus hutongs —los callejones tradicionales que estructuraban los barrios residenciales históricos— se extienden a ambos lados de una calle central llena de cafés, tiendas de artesanía y puestos de comida. Reserva la tarde del segundo día para pasear sin prisa por sus laberínticos callejones, probar algún snack callejero (los jianbing, una especie de crep salado, son adictivos) y, cuando caiga el sol, dar una vuelta alrededor del lago Houhai para ver cómo la noche transforma el barrio.
Días 3 y 4 en Pekín – La Gran Muralla y los tesoros que no se pueden perder
El tercer día es el más esperado de cualquier viaje a China: la Gran Muralla. El cuarto lo dedicarás a dos monumentos que muchos viajeros posponen y luego lamentan no haber visto.
La Gran Muralla China
Ver la Gran Muralla serpenteando por las montañas es una de esas experiencias de viaje que se quedan contigo para siempre. La sección de Mutianyu, a unos 73 km de Pekín, es la mejor opción para la mayoría de los visitantes: está bien conservada, tiene teleférico (imprescindible si no quieres llegar agotado arriba), cuenta con tobogán para bajar y está bastante menos saturada que Badaling. Contrata un taxi privado desde el hotel por 400-500 CNY (ida y vuelta) o coge el autobús 916 desde la estación de Dongzhimen. Calcula entre 4 y 5 horas para la excursión completa.
El Templo del Cielo
El Templo del Cielo (Tiāntán) es uno de los edificios más reconocibles de China y uno de los mejor conservados de la época Ming. Los emperadores venían aquí a rezar por buenas cosechas dos veces al año; hoy, el parque que lo rodea es el lugar favorito de los pekineseses para hacer taichí, tocar instrumentos tradicionales y jugar al bádminton por las mañanas. Llega cuando abra el parque para ver a los locales antes de que lleguen los turistas; es uno de los rincones más auténticos de Pekín.
El Palacio de Verano
El Palacio de Verano (Yíhéyuán) es el jardín imperial más grande de China y el más hermoso de todos los que rodean Pekín. El lago Kunming ocupa tres cuartas partes del recinto y la Colina de la Longevidad se refleja en el agua en uno de esos panoramas que parecen salidos de una pintura tradicional china. El Corredor de la Pintura —una galería cubierta de 728 metros decorada con miles de pinturas— es uno de los rincones más espectaculares del conjunto. Dedica al menos dos horas a recorrerlo con tranquilidad.
Día 5 – El tren de alta velocidad de Pekín a Shanghái
El trayecto de Pekín a Shanghái en tren de alta velocidad es uno de los viajes en tren más impresionantes del mundo: 1.318 km en apenas 4 horas y 30 minutos a velocidades de hasta 350 km/h. El billete de segunda clase cuesta entre 550 y 850 CNY (según el tren y la antelación con la que reserves); el de primera clase, entre 900 y 1.300 CNY. Reserva en Trip.com o en la web 12306.cn, que también tiene versión en inglés.
Los trenes salen desde la Estación Sur de Pekín (línea 4 de metro, parada Beijing Nanzhan) y llegan a la Estación de Shanghái Hongqiao o a la Estación de Shanghái. Confirma a qué estación llega tu tren para organizar bien el transporte al hotel. El día 5 de este itinerario es, en cierta forma, el más cómodo: llegas a Shanghái con la tarde libre para un primer paseo por el Bund.
Días 6 y 7 en Shanghái – La ciudad del futuro
Shanghái es todo lo que Pekín no es: extrovertida, cosmopolita, acelerada y absolutamente hipnótica. La ciudad que en 1990 apenas tenía rascacielos hoy tiene el cuarto edificio más alto del mundo y un metro con más de 500 kilómetros de líneas. Dos días son suficientes para ver lo mejor, pero querrás quedarte más.
El Bund y el skyline de Pudong
El Bund es el paseo más famoso de Shanghái: un kilómetro de arquitectura colonial europea del siglo XX mirando de frente al skyline futurista de Pudong, con la Torre de Shanghái (632 metros, la segunda más alta del mundo), el Shanghai World Financial Center y la Torre Jin Mao. El contraste entre los edificios art déco del Bund y los rascacielos de Pudong es uno de los panoramas más fotogénicos de Asia, especialmente al atardecer y de noche, cuando todo se ilumina. No te pierdas la subida al mirador de la Torre de Shanghái o del SWFC para ver la ciudad desde arriba.
El Jardín Yu y el casco antiguo
En pleno centro de Shanghái, rodeado de centros comerciales y rascacielos, el Jardín Yu (Yùyuán) es un oasis de tranquilidad que lleva allí desde el siglo XVI. Sus pabellones, estanques con carpas y rocallas de piedra son un ejemplo magistral del jardín clásico chino en miniatura. La entrada al jardín cuesta 40 CNY, pero el callejero que lo rodea —el Yuyuan Bazaar— es gratuito y merece un paseo para ver tiendas de artesanía, dumplings al vapor y dulces tradicionales. Estate preparado para la multitud; ve a primera hora de la mañana.
La Concesión Francesa y Tianzifang
La antigua Concesión Francesa es el barrio más agradable de Shanghái para pasear: plátanos centenarios bordeando las calles, cafeterías con terraza, galerías de arte y villas de los años 30 convertidas en boutiques. Dentro del barrio, Tianzifang es una red de callejones donde antiguos talleres y casas shikumen se han reconvertido en tiendas de diseño, restaurantes de cocina del mundo y bares donde tomar algo sin aglomeraciones. Es el equivalente shanghainés de los hutongs de Pekín, pero con un aire más bohemio y artístico.
Día 8 – La última mañana: cómo aprovecharla
Si tu vuelo es por la tarde o noche, tienes una mañana entera para aprovechar. La mejor opción es madrugar y volver al Bund cuando aún no ha llegado la turba de visitantes: el paseo a las 7 de la mañana, con el río Huangpu tranquilo y la luz del amanecer sobre Pudong, es una de las imágenes más bonitas que te llevarás del viaje. Si te sobra tiempo, el barrio de Xintiandi —con sus casas shikumen restauradas y su ambiente tranquilo— es perfecto para el desayuno.
Para el aeropuerto, el Maglev (tren de levitación magnética) une la estación de metro de Longyang Road con el Aeropuerto de Pudong en solo 8 minutos a 431 km/h. Un billete cuesta 50 CNY. No es tan práctico si tienes mucho equipaje —la estación de metro está a un trayecto más de tu hotel—, pero es una experiencia única para cerrar el viaje con un último alarde tecnológico chino.
Presupuesto estimado y consejos prácticos
Para un viajero de nivel medio, el presupuesto estimado para este itinerario de 8 días (sin contar el vuelo internacional) ronda los 800-1.200 euros por persona: alojamiento en hotel 3-4 estrellas en zona céntrica (70-120 EUR/noche), comida en restaurantes de calidad media (15-30 EUR al día), entradas a monumentos (unos 80-100 EUR en total), tren Pekín-Shanghái (70-100 EUR) y transporte urbano en metro y Didi (20-30 EUR).
El vuelo de ida a Pekín y vuelta desde Shanghái (vuelo en open-jaw) suele costar entre 600 y 900 EUR desde España si se reserva con 3-4 meses de antelación. Air China, China Eastern, Iberia/Finnair y KLM tienen buenas conexiones. Volar a Pekín y volver desde Shanghái te ahorra el coste de volver a la ciudad de origen en tren.
Por último, un consejo imprescindible: el jet lag en China (7 horas de diferencia en verano con España) es considerable. Llega con fuerzas, sigue el horario local desde el primer día y reserva las visitas más exigentes físicamente —como la Gran Muralla— para cuando ya hayas dormido un par de noches.














