Si hay algo que no os podéis saltar en Logroño es ir de pinchos. Aquí no se cena sentado en un solo sitio: se va de bar en bar pidiendo la especialidad de cada casa con un vino de Rioja, y así hasta que el cuerpo aguante. La calle Laurel es la más famosa, pero no la única, y los propios logroñeses tienen sus rutas alternativas para esquivar las aglomeraciones.
En esta guía os contamos qué pedir en cada bar de las tres zonas de pinchos de Logroño (la Laurel, la calle San Juan y la llamada «Laurel pobre»), a partir de las recomendaciones de gente de allí y de nuestra propia ronda, con un mapa de todos los bares, horarios, precios y algunos trucos para disfrutarla sin colas. Y si llegáis a la ciudad caminando, recordad que Logroño es una de las etapas del Camino Francés: tenéis todos los detalles en nuestra guía con consejos para hacer el Camino de Santiago.
Cómo se va de pinchos en Logroño
La regla es sencilla: un pincho y una bebida en cada bar, y al siguiente. La mayoría de bares de la zona se han especializado durante décadas en uno o dos pinchos, así que lo normal es pedir esa especialidad y no quedarse a cenar en el mismo sitio. Los bares más nuevos sí ofrecen barras más variadas, pero la gracia sigue siendo moverse.

Algunas costumbres que conviene conocer antes de empezar:
- Se pide y se paga en la barra, al momento. En hora punta es la única forma de no eternizarse.
- Preguntad por la especialidad si no la veis clara: suele estar en una pizarra o a la vista en la barra.
- Para beber, lo típico es pedir «un crianza» (tinto de Rioja con crianza servido en copa), aunque también hay blancos y rosados de la zona, cada vez más pedidos, y el clásico «corto» de cerveza.
- Compartid. En grupo lo habitual es pedir varios pinchos del mismo bar y repartir, así se prueban más cosas sin llenarse en la tercera parada.
- Tres o cuatro bares dan para un aperitivo; seis o siete, para una cena completa.
A esta ruta de bar en bar los logroñeses la llaman con humor «la senda de los elefantes»: después de unas cuantas paradas, lo más probable es acabar «con trompa».

Id pronto. Si llegáis a la Laurel justo cuando abren los bares por la noche, o a mediodía entre semana, pediréis sin empujones. Nosotros fuimos las tres noches que pasamos en Logroño y os recomendamos llegar sobre las ocho de la tarde: a partir de esa hora era imposible encontrar sitio para sentarse a tomar un pincho, y en muchos bares, sobre todo de la Laurel, no se podía ni entrar. Y ojo a principios de semana: entre el lunes y el miércoles es cuando más bares cierran por descanso, así que la oferta es menor.
Aquí encontraréis actividades en Logroño para completar la escapada: free tours por el casco antiguo (hay uno dedicado a las brujas de Logroño), visitas con cata a bodegas como Franco-Españolas o Campo Viejo y excursiones a Laguardia.
Mapa de las zonas de pinchos de Logroño
En este mapa tenéis las tres zonas y todos los bares de los que os hablamos, numerados en el mismo orden que en el artículo. La Laurel y la calle San Juan están en el casco antiguo, a cinco minutos andando una de otra; la Laurel pobre queda al sur, al otro lado de la Gran Vía, a unos diez o quince minutos a pie.
Calle Laurel: los bares imprescindibles y qué pedir en cada uno
Cuando en Logroño se habla de «la Laurel» se refieren a una zona, no a una sola calle: incluye la propia calle Laurel, la Travesía de Laurel, la calle San Agustín y la calle Albornoz. En apenas unos cientos de metros del casco antiguo se concentran decenas de bares (la asociación de hosteleros habla de más de 80 locales contando toda la zona), levantados sobre el antiguo trazado de la muralla de la ciudad, que se derribó en el siglo XIX.

Estos son nuestros favoritos y lo que hay que pedir en cada uno:
Bar Soriano: el champi
Travesía de Laurel, 2. Sin duda, el mejor champi de Logroño y el pincho más famoso de la Laurel: tres champiñones a la plancha con ajo, perejil y aceite, coronados con una gamba, pinchados sobre una rebanada de pan y bañados en su salsa secreta. Lleva sirviéndolos desde 1972 y es lo único que hacen, así que no hace falta carta: basta con decir cuántos queréis. El local es diminuto y suele haber algo de cola, pero los camareros despachan a una velocidad asombrosa. Si sois veganos, preguntad, porque lo adaptan sin la gamba.
Un truco de los de allí: coméoslo de arriba hacia abajo, porque la salsa gotea y es muy fácil mancharse.

Blanco y Negro: el matrimonio
Travesía de Laurel, 1, justo enfrente del Soriano. Con más de cien años, está considerado el bar más antiguo de la Laurel, y su pincho estrella es el matrimonio: una bocatita caliente con anchoa en salazón, boquerón en vinagre y pimiento verde frito. Si las anchoas no os convencen, probad la tostada de queso de cabra con jamón y frambuesa, otra de sus especialidades.
Un detalle que pocos bares de la zona ofrecen: tienen pan sin gluten, así que es una parada muy recomendable para celíacos.
Bar Jubera: las patatas bravas
Calle Laurel, 18. Aquí se viene a por unas patatas bravas deliciosas, y prácticamente es lo único que sirven: patatas crujientes con una salsa de tomate con un picante que va subiendo poco a poco. Si no toleráis bien el picante, pedídselas suaves. Las bravas del Jubera compiten desde hace años con las de La Taberna del Laurel, en la misma calle, y en Logroño cada uno tiene su favorita.
Siempre está a tope y es difícil encontrar un hueco en la barra, pero atienden rapidísimo, así que no os desaniméis.
El Perchas: la oreja
Travesía de Laurel, 3. La especialidad de la casa es la oreja, que podéis pedir picante o rebozada, servida sobre pan. La picante es la más pedida y la que recomiendan los habituales; la rebozada es más suave y una buena forma de estrenarse si nunca la habéis probado. Si la oreja no es lo vuestro, mejor saltad a otro bar, porque aquí es lo que hay que tomar.
Es pequeño y se llena, pero el servicio es rápido.
Bar Sebas: la tortilla de patata

Calle Albornoz, 3. Un bar pequeño y de los de toda la vida, famoso por su tortilla de patata, que sirven con o sin salsa picante. La versión con picante es la que le da fama. Quizá no os llame mucho la atención ir a por un pincho de tortilla, porque se encuentra en cualquier parte de España, pero merece muchísimo la pena: a pesar de ser algo tan habitual, fue uno de los pinchos que más nos gustaron y lo repetimos varias veces. Su barra es de las más variadas de la zona en fritos tradicionales (lengua, hígado, oreja crujiente) y también tienen pimientos rellenos.
Justo al lado está La Kathedral, la «sucursal» en la Laurel del histórico Bar Gil, donde sirven sus famosas bocatitas.
La Tábola: el brioche de costilla
Calle Laurel, 4. Gastrobar de cocina riojana con un toque creativo. Su pincho más pedido es el brioche de costilla deshilachada, jugoso y bien cargado, pero también tienen otros brioches (de butifarra trufada o de rabo), gildas caseras, minihamburguesas y pastrami.
Al fondo del local tienen restaurante con menú del día y carta, por si a mitad de ruta os apetece sentaros a comer. Por la noche se llena a partir de las siete y media, así que si queréis mesa conviene reservar.
Bar Torrecilla: Variedad en pintxos

Calle Laurel, 15. Un local estrecho y reformado, con un interior moderno y algo más cuidado que el de los bares clásicos, especializado en pinchos hechos al momento. Su pincho estrella es el foie fresco a la plancha sobre pan crujiente y con escamas de sal rosa, que para muchos es el mejor de la calle; también triunfan el pincho de chuletón, las vieiras y las minihamburguesas de black angus. Los precios son algo más altos que en otros bares de la zona, pero la calidad lo justifica. Tampoco aparecía en las listas que habíamos consultado, y fue toda una sorpresa: es otro de los bares que más nos gustaron. Probamos varias minihamburguesas y el bocata de calamares, que fue nuestro favorito, aunque en general estaba todo muy rico.
La Casita: para sentarse un rato
Travesía de Laurel, 13. Si estáis cansados de estar de pie, aquí hay sitio para sentarse y pedir varias tapas. Su pincho más conocido es la brocheta de langostinos con pimentón de la Vera, y también tienen pulpo, calamares y una croqueta de queso de cabra con nueces muy celebrada.
Es una de las paradas con más opciones vegetarianas de la Laurel, con alguna vegana como la morcilla.
Torres Laurel: carnes de calidad y bocadillo de calamares

Calle Laurel, 9. Tienen una barra muy variada de pinchos y tapas con la carne como protagonista: la posta y el pastrami de wagyu, las hamburguesas y la tostada de queso con foie y manzana son de lo más pedido. Pero si hay un clásico de la casa es el bocadillo de calamares, también en versión picante. Nosotros probamos sus croquetas coronadas con jamón y un bollito de pulpo con pimentón, y repetiríamos. La mujer que atiende es encantadora y, aunque no aparecía en ninguna de las listas de pinchos más recomendados que habíamos mirado, fue el sitio en el que más a gusto estuvimos y donde probamos algunos de los mejores pinchos de todo el viaje. No siempre los más famosos son los mejores.
No lo confundáis con Torres Gastrobar, en la calle San Juan, del que os hablamos más abajo. A mediodía entre semana suele estar tranquilo.
Villa Rica: pintxos que parecen postres

Calle Laurel, 14. Su barra gira casi entera en torno a un mismo formato de pincho en distintos sabores: brioches rellenos y cubiertos de una crema tan bien presentada que, a primera vista, parecen pasteles de una confitería. Son muy cremosos y suaves, y de sabor bastante más intenso de lo que aparentan. También tienen gildas, chistorra y otros pinchos calientes.
Suele estar menos lleno que los bares vecinos, así que es buena opción cuando la calle va a tope.
Otros clásicos de la Laurel
Si os queda hueco, estos bares también forman parte de la ruta clásica:
- Tío Agus Bar Lorenzo (Travesía de Laurel): su «tío agus», un pincho moruno a la plancha en bollo de pan caliente con una salsa de la casa cuya receta guardan en secreto desde hace tres generaciones.
- Bar Ángel (Laurel, 12): la otra gran casa del champiñón con gamba. Probar los dos y comparar es casi una tradición.
- Bar Donosti (Laurel, 13): el foie a la plancha y el «logroñito».
- El Muro (Laurel, 27): el «cojonudo», con picadillo de chorizo y huevo de codorniz.
- Letras de Laurel: pinchos elaborados como la piruleta de solomillo ibérico con salsa de hongos, y menú del día.
Tened en cuenta que la Laurel cambia constantemente: en los últimos meses han cerrado clásicos como el Gargonich o la Taberna de Correos y han abierto bares nuevos, así que no os extrañe encontrar alguna sorpresa.
Y si después de tanto pincho os quedáis con ganas de cuchara, tenemos una lista de sitios dónde comer patatas a la riojana en La Rioja.
Bar Victoria: variedad a un paso de la Laurel
Calle María Zambrano, 3. No está en la Laurel como tal, pero sí a un par de minutos, y lleva más de cuarenta años sirviendo pinchos. Es la parada ideal cuando os apetece elegir entre una gran variedad de pinchos en lugar de ir a por una sola especialidad; sus bocaditos de jamón con tomate son muy populares. También sirve desayunos y menú del día.
PerretxiCo: pinchos de cocina vasca frente a La Redonda
Calle Portales, 21. A dos minutos de la Laurel, delante de la concatedral de La Redonda, esta taberna de origen vasco trae a Logroño los pinchos de autor, con una barra muy cuidada y presentaciones originales como la jeringuilla de salsa que acompaña a algunos pinchos. Tienen menú degustación de pinchos y una terraza en Portales perfecta para hacer una pausa con un blanco antes o después de la ronda. Además, admiten perros.

Calle San Juan: menos conocida e igual de recomendable
A pocos minutos de la Laurel, la calle San Juan y sus callejuelas son la ruta de pinchos de muchos logroñeses. Tiene menos turistas y un ambiente más de barrio, aunque en los últimos años se han ido sumando bares de cocina más moderna e incluso internacional. Si vais un fin de semana y la Laurel está imposible, es la mejor alternativa.

La Travesía: la tortilla de patata
Travesía de San Juan, 10. Un clásico de la calle con una tortilla de patata que se sigue haciendo con la misma receta desde hace más de seis décadas, poco cuajada y muy jugosa. Es un bar pequeño y auténtico, de los que conocen lo que va a pedir cada habitual nada más entrar por la puerta.
Bar García: las zapatillas
Calle San Juan, 28. Negocio familiar de los de toda la vida, famoso por sus zapatillas: pan tostado con jamón, con jamón y queso o con paté, pasadas por la plancha. Aquí manda el producto: jamón ibérico, cecina y todo lo que lleve huevo y jamón. Sus precios suelen ser algo más contenidos que en otros bares de la calle.
La Guarida: sardinillas con guindilla
Calle del Carmen, la callejuela que une San Juan con la calle del Cristo. Un bar pequeño y escondido, con mucho ambiente y precios muy ajustados, cuyo pincho estrella son las sardinillas con guindilla. También merecen la pena la bocatita de bacalao (mejor con un toque de picante) y el hummus para compartir.
Umm: pinchos de autor
Calle Marqués de Vallejo, 10, en la esquina con San Juan. Para los que buscan algo más elaborado: aquí la barra es de pinchos de autor, con una vitrina de pinchos fríos y una carta de calientes que se preparan al momento, como la manzana con foie o la carrillera con patata trufada. Cada pincho tiene su cartel, también en inglés, así que es fácil elegir.

Torres Gastrobar: cualquiera es un acierto
Calle San Juan, 31. La recomendación de los locales es clara: da igual cuál pidáis, os va a gustar seguro. Sus pinchos están entre los más elaborados de la ciudad, con la minihamburguesa «Kobe» y el canelón como los más celebrados, y los precios van en consonancia. Tienen también una buena selección de tintos.
La «Laurel pobre»: pinchos sin aglomeraciones y más baratos
Si queréis evitar las multitudes y gastar un poco menos, en Logroño hay otra zona de pinchos que los de allí conocen como la «Laurel pobre» (o, simplemente, «el Barrio»). Está fuera del casco antiguo, en el entorno de las calles María Teresa Gil de Gárate, Somosierra, República Argentina y Menéndez Pelayo. Hay menos bares que en la Laurel y los pinchos son, en general, más sencillos, pero está muy bien y el ambiente es mucho más local.
El Tirador: salchichón fresco a la plancha
Calle Somosierra, 21. Bar de barrio de los de siempre, de los que pasan de padres a hijos, con la plancha a la vista. Lo que hay que pedir es el salchichón fresco a la plancha, aunque su huevo de codorniz frito con chorizo y la oreja también tienen muchos seguidores; entre semana, además, hacen setas a la brasa. También sirve platos combinados a muy buen precio.
Barrio Bar: hummus, bocatitas y gildas
Calle Menéndez Pelayo, 10. Tapeo con un toque de fusión y muy buen ambiente, con música y gente joven: tienen varios tipos de hummus, bocatitas, gildas, tacos y un bocadillo de marisco que triunfa. Buena opción también para vegetarianos.

Tizona: una tortilla de premio
Calle Menéndez Pelayo, 6. Su tortilla de patata, melosa, poco cuajada y con cebolla caramelizada, acumula varios premios y fue elegida la mejor de España en el campeonato nacional de 2023. Se agota, así que no vayáis muy tarde. El resto de la carta también está a la altura, con el pimiento relleno de carne o las carrilleras.
5 Pesos (Pe5os): los tigres
Avenida de la República Argentina, 27. Su especialidad de siempre son los tigres, mejillones rellenos y rebozados. El bar cambió de manos hace poco, se ha reformado y ahora se llama Pe5os by Bahía; los tigres siguen en la barra, aunque entre los habituales de toda la vida hay opiniones para todos los gustos sobre si están a la altura de los de antes.
Si os quedáis con ganas, en la misma zona hay otras paradas muy recomendables: las bravas del Bar Perejil (María Teresa Gil de Gárate, 46), las croquetas de La Carbonera (María Teresa Gil de Gárate, 18) y las bocatitas del Bar Gil, en República Argentina, abierto desde 1939 y uno de los pocos sitios donde aún podéis probar el zurracapote.
Dónde aparcar y dónde dormir cerca de la Laurel
Las calles del casco antiguo son estrechas y no merece la pena entrar con el coche. Lo más cómodo es dejarlo en el aparcamiento del Revellín, gratuito y muy céntrico, y acercarse andando a la Laurel en unos minutos (si está lleno, tenéis más alternativas en nuestra guía de dónde aparcar gratis en Logroño). Eso sí, los fines de semana aparcar cerca de la Laurel es complicado, tanto en los aparcamientos gratuitos como en los de pago: a nosotros, sobre todo el sábado, nos costó bastante encontrar sitio, así que id pronto. Y si vais a cenar de pinchos con vino, lo mejor es dormir en el centro y olvidarse del coche hasta el día siguiente:
Nuestra ruta de pinchos por Logroño en una noche
Si solo tenéis una noche y queréis probar lo más típico, esta ruta concentra casi todo en la Travesía de Laurel y alrededores, así que apenas tendréis que andar:
- 1. Champi en el Bar Soriano (llegad pronto, es el que más cola hace).
- 2. Matrimonio en el Blanco y Negro, justo enfrente.
- 3. Oreja picante o rebozada en El Perchas.
- 4. Patatas bravas en el Jubera.
- 5. Foie a la plancha en el Torrecilla o brioche de costilla en La Tábola.
- 6. Para cerrar, tortilla en el Sebas o, si queréis sentaros, unas tapas en La Casita.
Si vais a pasar más de una noche, dedicad la segunda a la calle San Juan y reservad la Laurel pobre para un mediodía o una noche entre semana, cuando la Laurel está más tranquila pero el Barrio tiene más ambiente que nunca. Y para las horas de día, aquí tenéis nuestra ruta con todo lo que hay qué ver en Logroño.
Horarios, precios y fechas especiales
La mayoría de bares funcionan en dos turnos: a mediodía, aproximadamente de 12:00 a 15:30 o 16:00, y por la noche, de 19:30 o 20:00 a medianoche, un poco más tarde los fines de semana. Cada bar tiene su día de descanso (entre el lunes y el miércoles es cuando más cierran) y algunos solo abren por la noche entre semana, así que si vais a por uno concreto conviene comprobarlo antes.
En cuanto al precio, ir de pinchos sigue siendo un plan asequible. Como referencia, en 2024 la mayoría de pinchos de la Laurel se movían entre 1,50 y 3,50 euros y la copa de vino entre 1,20 y 2,50 euros; desde entonces han subido algo, y los pinchos elaborados (foie, brioches, pinchos de autor) cuestan más que los de plancha sencilla. En la San Juan los precios son similares y en la Laurel pobre, algo más bajos.
Hay dos fechas en las que la Laurel cambia por completo:
- San Bernabé (11 de junio): los bares adheridos de la Laurel regalan el vino si lleváis el jarrito de la fiesta y pedís un pincho.
- San Mateo (septiembre): la semana grande de Logroño, coincidiendo con la vendimia, es la de más ambiente del año, pero también la de más gente.

