La Reserva de la Biosfera de Urdaibai es uno de esos rincones del País Vasco que sorprenden por lo variado que es en tan poco espacio: marismas, acantilados imposibles, pueblos pesqueros con siglos de historia y playas que cambian por completo con la marea. Os contamos cómo organizar una ruta por Urdaibai y sus alrededores, con paradas que van desde Mundaka hasta San Sebastián.
Urdaibai es el estuario que forma el río Oka a su paso por Bizkaia, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1984. Es el humedal más importante del País Vasco y un punto clave de descanso para las aves migratorias, pero también un destino perfecto si buscáis combinar naturaleza, playas y pueblos con encanto en pocos kilómetros.
Lekeitio y su pequeña isla

Muy cerca del puente y del puerto de Lekeitio se encuentra su pequeña isla, unida a tierra por un camino que solo queda al descubierto con la marea baja. Cruzar paseando, con el pueblo y los barcos de fondo, es uno de los planes más bonitos de toda la ruta. Consultad la tabla de mareas antes de ir para no quedaros a medio camino.
Os aconsejo que aparquéis en el parking publico 1. En todos los pueblos de la costa está prohibido aparcar dentro del pueblo salvo a los residentes. El parking 1 es el más cercano a la playa.
Las playas de Urdaibai: Laida y Laga

En la costa de la reserva hay hasta doce playas distintas, pero las dos grandes protagonistas son Laida y Laga. Laida es un extenso arenal justo en la desembocadura, con un banco de arena que cambia de forma según la marea; Laga, un poco más al este, está flanqueada por el peñón de Ogoño y suele tener algo menos de gente. Las dos son perfectas para pasar el día, aunque conviene consultar la tabla de mareas si queréis bañaros con la marea alta.
San Juan de Gaztelugatxe
Aunque queda ya en el límite oeste de la reserva, es parada obligada en cualquier ruta por la zona: un islote unido a tierra por un puente de piedra y 241 escalones que suben hasta la ermita del siglo X, hecho famoso mundialmente tras aparecer en Juego de Tronos.
En temporada alta (Semana Santa, fines de semana de primavera y otoño, y todos los días del 15 de junio al 20 de septiembre) hace falta reserva previa y gratuita en tiketa.eus para subir hasta la ermita. Fuera de esas fechas el acceso es libre. Id a primera hora si queréis evitar las aglomeraciones y hacer buenas fotos sin gente.
Aquí encontraréis todas las excursiones y tours que podéis hacer por el País Vasco, incluidas rutas guiadas por Urdaibai, San Juan de Gaztelugatxe y el Flysch de Zumaia (luego os hablo de Zumaia).
Ea, el pueblo del puente medieval

Si Mundaka y Lekeitio os han enamorado, no os vayáis de la reserva sin conocer Ea. Es el más pequeño de los pueblos costeros de Urdaibai, pero guarda un encanto especial: la ría lo atraviesa por el centro y dibuja una estampa preciosa, con casas alineadas a ambos lados del agua y un pequeño puente de piedra que las conecta, muy similar en espíritu al de Lekeitio pero a una escala aún más recogida. Al ser tan poco conocido, es ideal para escapar un rato del ajetreo de los pueblos más turísticos de la zona y pasear sin prisa.
Aprovechad la marea baja para bajar hasta las rocas junto al puerto: es uno de los rincones más fotogénicos de todo Ea, y al ser un pueblo pequeño no encontraréis apenas gente. Desde el propio puente tenéis además una de las mejores vistas de las casas asomadas a la ría.
Saliendo de la reserva: el Flysch de Zumaia

Ya fuera de los límites de Urdaibai pero a un salto en coche, Zumaia merece sin duda una parada. Sus acantilados de Flysch, con capas de roca que se acumularon durante más de 60 millones de años, son un paisaje que impresiona incluso a quien no le llama la atención la geología. Se pueden ver a pie desde la playa de Itzurun, con marea baja, o en un paseo en barco que recorre toda la costa.
Aquí tenéis una guía completa con todo lo que podéis ver en Zumaia
San Sebastián, la joya de la costa vasca

Si tenéis más de un par de días, San Sebastián es una ampliación obligada de la ruta. La bahía de La Concha, considerada una de las más bonitas de Europa, el casco antiguo y su barra de pintxos son motivo más que suficiente para quedarse al menos una noche.
Recorred la Parte Vieja de San Sebastián a la hora de comer o cenar e id parando en varios bares, pidiendo uno o dos pintxos en cada uno con su chiquito de vino o su txakoli. Es la mejor forma de probar variedad sin gastar una fortuna.
Si os quedáis más días por la zona, tenéis en el blog una ruta por los pueblos más bonitos cerca de San Sebastián con más paradas como Zarautz, Oñati o Mutriku.
Vete de pintxos por Bilbao

Si cerráis la ruta en Bilbao, reservad una tarde-noche entera para ir de pintxos por el Casco Viejo. El recorrido clásico pasa por la Plaza Nueva, donde el Víctor Montes y el Gure Toki son parada obligada (probad su sopa de Idiazabal), y sigue por las Siete Calles hasta el Bar Charly, todo un clásico desde 1973, o el Sorginzulo, con una barra que mezcla pintxos tradicionales y de autor.
Nosotros repetimos siempre en el Restaurante Markina: su morcilla de León gratinada con cheddar y cacahuetes es una de esas cosas que hay que probar sí o sí, aunque no seáis muy de morcilla.
En el Casco Viejo pedid de uno en uno y en varios bares distintos: es la mejor forma de probar variedad sin llenaros en el primer sitio. Y preguntad siempre por la pizarra de pintxos calientes, suelen ser mejores que los que ya están servidos en la barra.
Mutriku, pueblo con mucho encanto

Mutriku tiene un gran puerto construido en el siglo XIII y un centro histórico que es de los más antiguos de todo el País Vasco, así que se nota el encanto nada más entrar. Buena gastronomía, playas bonitas y un monumento dedicado a un marino que murió en la batalla de Trafalgar completan una parada que merece bastante más tiempo del que suele dársele.
Mundaka y el mirador de Santa Katalina
Mundaka es la puerta de entrada más habitual a la reserva y, para muchos, el pueblo más bonito de todos. Conocida mundialmente por su ola de izquierda (una de las mejores de Europa para el surf), tiene además un pequeño puerto con mucho encanto y el enclave de Santa Katalina, un promontorio con ermita desde el que se ve toda la desembocadura del Oka.
No os vayáis de Mundaka sin subir al mirador de Santa Katalina: las vistas sobre la ría, el banco de arena y la playa de Laida al fondo son de las mejores de toda la reserva, sobre todo a última hora de la tarde.
Gernika y la Cueva de Santimamiñe
Adentrándose desde la costa hacia el interior, Gernika es la localidad más grande de la reserva y un lugar cargado de simbolismo: aquí está la Casa de Juntas, el árbol de Gernika y el Museo de la Paz, dedicado al bombardeo que sufrió la villa en 1937.
Muy cerca, en Kortezubi, se encuentra la Cueva de Santimamiñe, Patrimonio de la Humanidad por sus pinturas rupestres. Las salas originales no se pueden visitar para protegerlas, pero sí el vestíbulo y una recreación virtual en 3D de toda la cueva.
- Entrada general: 5 €
- Entrada reducida (menores de 26, mayores de 60, familia numerosa): 3 €
- Gratis: hasta 12 años
- Es necesaria reserva previa por teléfono o email.
Un extra que merece la pena: Vitoria

Vitoria no está de camino y queda algo más lejos que el resto de paradas de esta ruta, pero si tenéis un día libre más, merece la pena el desvío. Es una ciudad que se recorre fácilmente andando, con un casco histórico y una lista de sitios con mucho encanto: la Plaza de los Fueros diseñada por Chillida, la Plaza de la Virgen Blanca (donde se celebra la famosa bajada del Celedón), la Catedral Nueva y la Catedral de Santa María, que inspiró a Ken Follet para «Un mundo sin fin», además de un recorrido por la muralla y el casco viejo. Y, por supuesto, hay que probar el pintxo de huevo en Sagartoki y, si coincide, hacer la ruta del pintxo-pote.
Os dejamos la guía completa de qué ver en Vitoria en un día con todos los detalles y alguna excursión más por si os animáis a quedaros un poco más.
Y si viajáis con niños, no os perdáis nuestro artículo con planes divertidos que hacer con niños en el País Vasco, con varias ideas que encajan perfectamente en esta misma zona.
Urdaibai y sus alrededores son la prueba de que no hace falta irse muy lejos para encontrar paisajes de postal: marismas, acantilados, pueblos con siglos de historia y una de las mejores gastronomías de España, todo en un radio de poco más de una hora en coche.



